Mi marido el regio y yo éramos una parejita viviendo con mucha tranquilidad en un pintoresco pueblito (está bien, ciudad pequeña pa'que no se ofendan) que nombraremos, para no herir los sentimientos de cualquier horiundo de ahà que pueda estar leyendo esto: Tangamandapio. Y un dÃa, porque los regios tienen la necesidad de regresar al terruño, emprendimos el viaje hacia REGIOLANDIA.
Cuando uno llega a Regiolandia y no tiene tiempo, dinero o ganas de buscar casa para comprar (o como en este caso, todas las anteriores), hay que rentar... pero rentar aquà es toooda una aventura.
Primero, los dueños del inmueble nos miraron a mi mariado el regio y a mà como para ver qué tal les caÃamos y si tenÃamos cara de que fueramos a romper una pared o incendiar la casa o qué se yo... después nos pidieron millones de documentos, tanto de nosotros, de nuestros trabajos, de nuestros avales, bueno, hasta las vacunas del perro y el acta de defunción del pecesito que tuvimos hace algunos años...
Toda esta información después fue enviada a un "investigador" que la revisó, no sé si para corroborar datos o para ver si eran documentos reales, eso de investigador (textualmente nomenclado asà por la dueña de la casa) me sonó como a alguien que me iba a seguir en un carro negro y estacionarse afuera de mi casa viendo los movimientos, las veces que salimos, quien va a visitarnos, etc.
Bueno, total que el investigador hizo su trabajo, lo que sea que esto implique y nos llaman para darnos la grandiosa noticia de que sà estaban dispuestos a permitirnos vivir en su casa por una substancial renta mensual... el contrato fue de rutina y un par de semanas depués habÃamos llegado desde Tangamandapio con nuestras chivas a vivir aquÃ.
Habrá que ahondar en el tema de la rentera (dÃcese en regiolandia de la persona dueña del inmueble que uno está rentando), pero eso será en otra ocasión porque una también tiene que trabajar.
Jayna

Escribe un comentario